¿QUÉ TIENE QUE VER LA BUENA ECONOMÍA EN DESARROLLO PERSONAL Y SOCIAL EN LA TERCERA EDAD?

¿QUÉ TIENE QUE VER LA BUENA ECONOMÍA EN DESARROLLO PERSONAL Y SOCIAL EN LA TERCERA EDAD?

Puedo leer en el portal para las Personas Mayores, News3edad, la noticia publicada en 20/05/14 de que http://www.news3edad.com/2014/05/23/un-72-de-los-usuarios-del-servicio-de-teleasistencia-vive-solo-en-su-domicilio/
Son precisamente las personas con 75 y más años, los denominados “4ª Edad”, los que suscitan mayores desafíos y preocupaciones; principalmente en el área de los cuidados de salud, dada la estrecha relación entre el aumento de la esperanza de vida y la mayor morbilidad con el consecuente aumento de las necesidades de apoyo, cuidados personales y de salud.
¿Cuál es el mapa, la radiografía de los mayores en España desde este punto de vista? y ¿En que interviene la “buena economía” en todo ello?. Bien un conjunto de razones, sociológicas, demográficas y legales, pueden arrojarnos luz sobre ello, e inclinar la balanza a la afirmación de que: “la tranquilidad económica es salud y ayuda en el envejecimiento activo”.
Cerca del 15% del total de nuestros mayores de 65 alcanzarán una situación de semi-dependencia relacionada con la pérdida gradual de capacidades físicas y cognitivas, que va a la par con el proceso de envejecimiento en edades más avanzadas. En estos casos, se torna necesario algún apoyo de la familia o de otras estructuras informales de cuidados.
En este estadio, la situación económica se define porque el mayor se encuentra con que su pensión, pierde poder adquisitivo, y que contar con el cuidador familiar, también es difícil, (normalmente es desarrollado por las mujeres-hijas), dado que ante la falta de ingresos en el hogar, las mujeres que antes no trabajaban fuera, ahora salen a buscar una ocupación.
La situación se agrava para cerca del 10% de nuestros mayores, en los cuales se instalaran cuadros patológicos que determinarán una acentuada reducción de sus capacidades, en el nivel de las actividades de vida diaria. Se hace, entonces, necesario que el apoyo familiar y/o informal se complemente con cuidados de salud y servicios prestados por las estructuras formales de salud y apoyo psicosocial.
En este estadio lo que económicamente sucede hoy en día, es que las estructuras socio-sanitarias, bajo el auspicio de la Ley de Dependencia, están sufriendo, toda clase de recortes, por parte de la Administración, lo que conlleva al escaso o nulo acceso de los Mayores a este recurso público, y que con sus pensiones no pueden sostener, el accesos a las estructuras privadas.
Finalmente, se estima en un 5% el número de mayores que, efectivamente, se encuentran en una situación de gran dependencia tornando inevitable su institucionalización. Económicamente sucede lo mismo que en el estadio anterior, agravado en porque la necesidad de atención profesionalizada es imprescindible, y los recursos con los que hay que dotar al mayor, para su acceso más elevados.
Dicen en Derecho que los hechos son tozudos, y el hecho expuesto no nos dice otra cosa que: El presente y el futuro de nuestra sociedad está caracterizado por una proporción creciente de personas mayores (3ªedad) y muy mayores (4ª edad), y que el aumento del número de personas con más de 65 años de vida lleva a la preocupación por la calidad de vida de las mismas; y, a la necesidad de reforzar las estructuras informales y comunitarias de apoyo; así como a buscar soluciones innovadores que doten a nuestros mayores de recursos propios para sostener esa calidad de vida.
También se constata que nuestra sociedad aún posee preconceptos en relación al envejecimiento que condicionan el tipo de intervención a desarrollar. Hace unos años, las tesis que defendemos sobre la salud económica eran impensables, para el mayor incluso para los profesionales sociales y sanitarios.
Existen así concepciones basadas en el declive y la pérdida de capacidades básicas que esencialmente tornan en terapias curativas y remediativas; y otras, como aquellas perfiladas por la reflexión expuesta en este post, que conciben el desarrollo personal y social del mayor, en paralelo a la duración de la vida y, consecuentemente, permeable y acogedor de intervenciones psico-socio-educativas promotoras de desarrollo personal y social, que se adapten a las nuevas realidades sociales en las que nos toca vivir, si queremos seguir manteniendo que la autonomía personal, es básica en el envejecimiento activo.

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