EMPRENDIMIENTO SOCIAL, EQUILIBRIO ENTRE ACTIVIDAD PRODUCTIVA Y FINES SOCIALES

EMPRENDIMIENTO SOCIAL, EQUILIBRIO ENTRE ACTIVIDAD PRODUCTIVA Y FINES SOCIALES

Ya he comentado por aquí en varias ocasiones que las estructuras jerárquicas, de la Administración Pública, en lo que a Intervención Social se refiere, las tradicionales, o vistas hasta la fecha son disfuncionales cuando se trata de trabajo de “social”. Sobre esta realidad son cada vez más las voces que coinciden, tanto fuera como dentro de las organizaciones.
Los motivos por los que el cambio apenas se produce, o se produce tan lentamente, son diversos pero yo me quedaría fundamentalmente con dos. Por una parte, la natural resistencia al cambio – reforzada en este caso por el hecho de que quienes deberían promover el cambio serían los principales afectados por él – y, por otra parte, la falta de una ruta clara y segura de transición desde el modelo actual al futuro.
Fruto de esta situación, en los próximos tiempos iremos viendo propuestas alternativas a las tradicionales jerarquías. De hecho, ya hay alguna por ahí. El riesgo que esto conlleva es que no faltarán oportunistas que intenten “colar” modelos supuestamente alternativos y que en realidad sean los mismos perros de siempre pero con distintos collares, algo que ya viene ocurriendo tradicionalmente en el mundo del management. Hay que tener claro que se puede emprender socialmente pero, lo complicado será buscar el equilibrio entre una actividad que proporcione un rendimiento, y los fines sociales. Ser agente activo de los Servicios Sociales pero que el Estado no lo aproveche para delegar en ellos la responsabilidad pública.
Del desmantelamiento del “modelo” de bienestar social, y, del mismo modo que nosotros sabemos por qué los managers no aprenden de management, lo saben también los oportunistas y no van a dudar en aprovecharlo a su favor. Así que es más que probable que veamos un buen número de vistosas puestas en escena con escasa esencia, por no decir ninguna. De hecho, con lo que nos encontraremos en la mayoría de los casos es con un reconocimiento explícito de algo que ya viene ocurriendo de forma tácita desde hace tiempo.
Veamos un ejemplo. En la Ley de Dependencia, el modelo jerárquico no funciona. Esto es un secreto a voces. El volumen de trabajo y el ritmo de cambio hacen que sea materialmente imposible que los Organismos Institucionales tomen todas las decisiones que tendrían que tomar según lo establecido en la Ley (no nos olvidemos que en la mayoría de los casos lo que está sucediendo es que se está incumpliendo sistemáticamente la misma).
Para solucionar este problema se está recurriendo al tan socorrido “hacer de defecto virtud” y se “inventó” el empoderamiento. Externalización de Servicios, a manos de la gestión privada, que hacen “maravillas” para mantener, un servicio de calidad por cada vez menos presupuesto, los Trabajadores Sociales a los que cargar de competencias, que en la mayoría de los casos, no son ejecutivas, y, por lo tanto “topan” constantemente con el sistema. Todos ellos ejemplo de un empoderamiento negativo o malintencionadamente escogido; (parece que doy pero todo sigue igual, y mantengo mi lobby de poder).
La invención del empoderamiento desde el puto de vista empresarial, evidentemente no es eso, y es brillante, porque reviste de valor una incapacidad del sistema. Pero lo cierto es que la Administración Pública, hasta ahora, no empodera porque quiere sino porque no puede no empoderar. De hecho, lo que sucede la mayoría de las veces es que las personas se empoderan ellas solas. Si lo pensamos, no empoderarte es lo mismo que aprovecharte de las ineficacias del sistema para “escaquearte”. Por otro lado, lo que ocurre cuando la Institución Pública se resiste a al empoderamiento es que nos encontramos con el micro-management (micro-gestión) y el sistema funciona aún peor.
Como decía antes, veremos muchas iniciativas en esta misma línea, es decir, revestir de innovación rupturista situaciones que ya son así de facto. El objeto de este post es proporcionar un criterio claro que permita diferenciar las redes productivas de todas estas variantes de las estructuras jerárquicas.
Esta distinción es clave porque ambos tipos de estructuras operan en paradigmas muy distintos y eso hace que su capacidad transformadora real sea también completamente distinta. Las redes productivas en el mundo empresarial, parten del principio de que la eficacia colectiva eficiente, solo es posible, cuando la autonomía, y el propósito pueden alcanzar valores máximos, y eso conlleva operar en espacios de libertad y responsabilidad. Las jerarquías parten del principio de que la eficacia colectiva eficiente solo es posible cuando existe una clara división de roles y responsabilidades, lo cual conlleva operar
Las jerarquías institucionales e institucionalizadas, están tan viciadas que son incapaces de buscar soluciones fuera de sí mismas. Todo gravita alrededor de ellas y está orientado a consolidarlas y perpetuarlas. Sin embargo, en las redes productivas las preguntas anteriores pierden toda su trascendencia. Es más, son irrelevantes. Veamos por qué.
Una red productiva se teje alrededor de un proyecto. Por tanto, los objetivos y las prioridades no vienen definidos por personas, sino por el proyecto en sí. Un proyecto entendido como se entiende en el mundo de la empresa, es decir, como una hoja de ruta, una ordenación de pasos que conduce a un resultado inteligente. Esto facilita mucho las cosas porque sustituye un proceso de toma de decisiones basado en egos y factores subjetivos por otro basado en hechos objetivos, ya que hay pasos que tienen que darse necesariamente antes que otros, al margen de cualquier opinión individual.
Dicho de otro modo, se sustituye un proceso de toma de decisiones subjetivas basado en la subordinación, es decir, en personas que tienen que acatar las decisiones de otras personas, por un proceso de toma de decisiones objetivas basado en la dependencia, es decir, en “qué pasos dependen de qué pasos” en la secuencia de acciones que conduce al resultado. Así el TS emprendedor, disminuiría una práctica común actual, ante el citado desmantelamiento del bienestar social, deseable, no lo olvidemos, para las instituciones (esto es exactamente igual a la justicia), que es analizar cada caso, “uno por uno”, sensibilizándose, con él, jugando con la frustración de no poder obtener un resultado favorable, más allá de la lucha solidaria.
Esta “objetivación” del proceso de toma de decisiones que se favorece en el mundo empresarial y que recomiendo sigan a todos los TS que estén pensando en emprender socialmente, debería ser suficiente para eliminar buena parte de los problemas que se producen hoy día en las organizaciones jerárquicas en relación con las decisiones. Problemas que rara vez tienen que ver con el ciudadano y sus intereses y sí, casi siempre, con las luchas internas de poder y los egos.
Y aun llegado el caso en el que la decisión no fuera evidente, la solución también es sencilla. En el mundo empresarial, si hemos dicho que el proyecto surge como respuesta a una necesidad de un cliente, entonces la decisión última la toma siempre el cliente.
Resulta así que la jerarquía no solo no es necesaria sino que molesta. Las decisiones son evidentes a partir del proyecto y, en caso de duda, el cliente decide. Los egos, las luchas de poder, las opiniones y las preferencias personales ajenas al propósito del proyecto solo son obstáculos.

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