¿CUÁNTAS MUERTES DE PERSONAS MAYORES HACEN FALTA PARA QUE DESDE LA ADMINISTRACIÓN SE HAGA “ALGO” CON LA LEY DE DEPENDENCIA?

La muerte de un matrimonio (79 y 80 años), enfermos ambos, a manos supuestamente de su hijo, y el suicidio de éste, en Barakaldo, http://bit.ly/1xkA41P , de la que nos informaron la semana pasada me hace reflexionar sobre distintas cuestiones, “pacto de suicidio”, “agotamiento del cuidador principal”, etc. y con la idea clara en que, estos casos, junto con otros que hemos conocido en su momento, no son sólo desgraciados incidentes inexplicables.

Entiendo que tras la mayoría de éstos casos, lo que hay son síntomas cualificados de la situación de impotencia en la que viven muchos familiares de personas dependientes y ellos mismos, y al parecer nadie puede hacer nada, y por si fuera poco siempre con la “Espada de Damocles”, del desmantelamiento inevitable del sistema de protección social aún vigente.

No hay nada más que echar un vistazo, nuestro “mapa territorial del dependiente”, y ver el número de personas que tienen derecho a una prestación, reconocida y no la reciben, y personas que están pendientes de evaluar, o lo que es lo mismo que también tienen  derecho a la prestación, porque aunque para las estadísticas, éstas últimas no son dependientes, sí que lo son; para darse cuenta que estas situaciones avocan a las personas a situaciones, límite o desesperadas

Ante un déficit social como es la falta de servicios públicos de atención a la dependencia, y especialmente el cuidado de las personas mayores, la dedicación familiar, cuando es posible, y a pesar del sacrificio personal que supone, es la única alternativa, aunque obviamente insuficiente. El cuidado profesional y especializado de los mayores es un problema no asumido por los Gobiernos regionales, competentes en la materia, ni por las otras Administraciones, central y europea, a las que tampoco parece importarles demasiado, o no son capaces de modificar ese déficit.

Por eso, en no pocas ocasiones, siento una tremenda frustración, pues siempre soy de los que ven el vaso “medio lleno”, y, entre tanta, situación límite empiezo a tener una óptica de “batería baja”.

MI compañera, Tamara Martos, decía hace unos meses, que en el caso del cuidador principal, si no somos responsables de nuestras propias necesidades y sólo nos centramos en las necesidades del ser querido al que cuidamos, corremos el riesgo de padecer una sobrecarga ante el cuidado, que bien puede parecer uno de los síntomas de este caso.

Uno de los principales signos que nos indica que estamos adquiriendo malos hábitos de cuidado es la disminución o pérdida del tiempo libre, soledad y aislamiento. El cuidador va perdiendo gradualmente su independencia, porque el cuidado que ejerce hacia el enfermo dependiente cada vez le absorbe más y más. Se desatiende a sí misma/o, no se toma el tiempo libre necesario para su ocio, abandona sus hobbies, sus amistades y acaba posponiendo durante años sus proyectos vitales.

 

También nos decía, que hay dos pautas fundamentales para ello son organizar nuestro tiempo y delegar responsabilidades ante el cuidado. Y tiene toda la razón, pero no puedo evitar pensar que es en éstos casos, y en esta fase, en la que con un sistema imperfecto, como el que tenemos, quizás ni podemos organizar, pues nuestra agenda, es de nuestras obligaciones, (“trabajo”, “un descanso para la comida y voy ver cómo están”, “no puedo ir a comer, llamo a la vecina para que les eche un ojo”; dejo de trabajar, etc…), hasta el punto que dejamos de tener vida propia, ni podemos delegar, porque….¿cómo asumo ese gasto?.

Claro que quizás desde la Administración, (no olvidemos que garante de unos derechos adquiridos), hagan un análisis más frío, y ante el problema financiero que provoca el envejecimiento de la población, cuyos costes de mantenimiento son tan elevados, frente al déficit de ingresos de una población activa a la baja en número, frente a los mayores de 65; y, menos cotizante por la situación de paro “galopante” que padecemos, estas noticias, no les indignen, alarmen, y entristezcan, como a los ciudadanos de a pie.

Y para muestra un botón. Hemos tenido ocasión de observar estos meses pasados, como el Proyecto de Ley Reguladora del Factor de Sostenibilidad y del Índice de Revalorización del sistema de Pensiones de la Seguridad Social, atenta contra la dignidad de la Persona Mayor, así como, la condena al ostracismo más absoluto, como si fuera un mueble viejo al que ya no damos uso, y lo tenemos acumulando polvo en un trastero.

Recuerdo cuando mis abuelos (por desgracia no me quedan) decían eso de: “ojalá no tengáis que pasar por una guerra”, y como una calima pesada, viene a mi mente, la idea del retorno de ciclos, porque yo le tendré que decir a mis nietos: “ojalá nunca tengáis que pasar por la crisis que pasamos”.

 

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